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El flúor
La aplicación de flúor constituye una medida preventiva adicional
a la higiene correcta y una alimentación adecuada para evitar la
aparición de la caries. Las aguas enriquecidas con fluoruros y los
suplementos farmacológicos en comprimidos o en gotas aumentan la
resistencia del esmalte dental y destruyen la placa bacteriana.
El
flúor puede evitar que se inicie el proceso de caries ya que aumenta
la resistencia del esmalte dental actuando como refuerzo que evitará
su disolución.
La eficacia del flúor a la hora de combatir esta infección está
probada científicamente. Según indica Alfonso Villa Vigil,
presidente de la Fundación Dental Española, la incorporación
sistemática de flúor a los dentífricos es una de las razones por las
que ha disminuido la incidencia de la caries en los últimos años.
También se ha demostrado que el flúor, incorporado al agua, consigue
reducir la caries: hasta en un 60 por ciento cuando el agua se
ingiere a partir de los dos o tres años y alrededor del 50 por
ciento cuando su consumo se inicia a los cuatro años.
Algunas comunidades autónomas ya han incluido en las aguas de
consumo humano dosis controladas de flúor como medida preventiva
contra la caries. La concentración óptima en las aguas debe situarse
entre 0,7 y 1,2 partículas por millón.
Los suplementos farmacológicos también pueden resultar de gran
ayuda administrados diariamente en comprimidos, gotas o colutorios, reduce
la incidencia de caries entre un 40 y un 60 por ciento en los
dientes temporales y en un 50 por ciento en los dientes definitivos,
siempre que se administren desde los seis años de edad.
El flúor aumenta la resistencia del esmalte dental al ataque
bacteriano ya que refuerza su estructura lo cual evita su
disolución. Además, tiene un efecto destructivo contra la placa
bacteriana. Inhibe parcialmente la producción de ácidos de las
bacterias y tiene una acción tóxica sobre éstas. |
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